
El presente informe analiza la realidad del sector pesquero en la CAPV. La conveniencia de la realización de un informe sectorial de estas características responde a la tradición, peso económico y potencialidad futura de esta actividad económica para la sociedad vasca. La presencia de una flota extractiva dinámica generada por el tejido social de los principales municipios costeros vascos ha sido la base y fundamento de un importante desarrollo económico ligado a esta actividad y materializado en el auge de la construcción naval, la industria conservera y la distribución y comercialización del pescado, como tres de las ramas de actividad intrínsecamente asociadas a la misma.
Lógicamente, no resulta factible abordar el sector definido en su sentido amplio y valorar su peso en el conjunto. Por tanto, en el marco de este informe el sector pesquero queda circunscrito a la flota extractiva. Por ello es preciso tener presente que su relevancia, en tanto que el impacto que supone en el desarrollo y la generación de riqueza en la comunidad en la que se asienta, es superior a la imputada a la flota exclusivamente. El factor de arrastre del sector queda tan solo mencionado y sirva de referencia que por cada empleo directo (flota extractiva) se estiman entorno a cinco empleos indirectos.
El punto de partida al estudiar del sector pesquero son las condiciones en las cuales se desarrolla la actividad. En aras de una mayor comprensión de la realidad pesquera vasca, se aborda una aproximación ofreciendo, en primer lugar, una visión panorámica de los principales aspectos del entorno pesquero, prestando una especial atención a tres cuestiones básicas: los cambios en el Derecho Marítimo Internacional, la Política Pesquera Comunitaria y la situación del sector pesquero español.
En una segunda parte, se aborda el estudio del sector pesquero vasco. Este proceso se descompone de una parte, en la presentación de las distintas flotas que integran la flota extractiva vasca. Y de otra, se reflejan las sensibilidades percibidas desde los agentes del sector con respecto a su situación presente y potencialidad del desarrollo futuro.
Los importantes cambios habidos desde la década de los años setenta en el Derecho Marítimo Internacional han provocado transformaciones significativas en el desarrollo de la actividad pesquera y han afectado a de los diferentes productores mundiales. Al eliminarse el acceso libre a los caladeros pesqueros, determinados países con una elevada tradición pesquera han visto constreñidas las posibilidades de desarrollo de su actividad extractiva, habiendo tenido que recurrir a la búsqueda de alternativas (v.gr., acuerdos pesqueros, empresas mixtas) que permitiesen el mantenimiento de un determinado nivel de actividad sectorial. De esta forma, se han producido cambios en las relaciones comerciales entre países, de forma que aquellos que cuenta con los recursos bajo su jurisdicción se han convertido, con frecuencia, en proveedores de los países otrora productores pero que mantienen una elevada propensión al consumo de pescado.
Paralelamente, se detecta una creciente preocupación sobre el estado del stock de pesca, lanzándose desde diferentes foros actuaciones tendentes a garantizar la sostenibilidad de los recursos pesqueros. Ello ha justificado la introducción de limitaciones cuantitativas en los volúmenes de pesca, asistiéndose en ocasiones a la implantación de sistemas de regulación del stock de pesca poco acordes con la tradición pesquera de determinadas flotas y que responden muy fielmente a los intereses comerciales de países con elevadas dotaciones de recursos pesqueros.
La actividad pesquera presenta en España un elevado arraigo, con un marcado peso específico en el sector pesquero comunitario. La flota española se encontró, al igual que la de muchos países pesqueros, seriamente afectada a raíz de los cambios habidos en el Derecho Marítimo Internacional, viendo limitadas sus posibilidades de pesca en caladeros en los que había faenado tradicionalmente. Diversas han sido las alternativas contempladas desde la Administración española para mantener la actividad de su flota pesquera, pudiendo distinguirse a este respecto dos de modo especial: la materialización de acuerdos con países que dispongan de importantes recursos pesqueros y la formación de empresas mixtas con estos últimos.
A pesar de los esfuerzos realizados no se ha podido evitar un progresivo debilitamiento del potencial pesquero español, constatable en la progresiva reducción registrada en el número de embarcaciones, arqueo y tripulación de las mismas. Asimismo, se asiste con frecuencia a una progresiva disminución en el tiempo admisible para la realización de las capturas en buena parte de los acuerdos suscritos, dificultando considerablemente la posibilidad de rentabilizar la pesquería.
La entrada de España en la UE, no permitió una plena incorporación al acervo comunitario en materia pesquera, habiéndose contemplado un período transitorio al respecto. A pesar de que éste se vio sustancialmente recortado a raíz de las negociaciones relativas a la incorporación de Noruega a la UE, no puede decirse que la flota española opere -de facto- en aguas comunitarias en condiciones de igualdad que los restantes países miembros, manteniéndose importantes agravios comparativos para el sector pesquero español.
Por otro lado, desde la óptica de las relaciones con terceros países, al integrarse España en la UE, dichas relaciones pasaron a ser competencia de las autoridades comunitarias, lo cual, lejos de haber reforzado la posición española en el contexto internacional, ha empeorado significativamente las condiciones bajo las que opera España en aguas no comunitarias. Sin lugar a dudas, la escasa relevancia que presentan las pesquerías de larga distancia en la mayor parte de los países de la UE ha relegado a un discreto segundo plano la negociación de acuerdos pesqueros con terceros países.
A la vista de la evolución del comercio exterior español de productos pesqueros durante los últimos años, da la impresión de que efectivamente el mercado de consumo español se incorporó a la UE como miembro de pleno derecho, no pudiendo decirse lo mismo para el sector extractivo. En otras palabras, la permeabilidad del mercado español de consumo de productos pesqueros no ha ido en paralelo a las restricciones habidas en el acceso a los recursos pesqueros comunitarios.
Centrando la atención en la pesca extractiva, cabe señalar como, si bien no supone un porcentaje elevado del empleo y valor añadido de la economía vasca (inferior en ambos casos al 1%), su elevada concentración espacial en un reducido número de enclaves costeros, así como su capacidad de arrastre sobre otras actividades ligadas al subsector extractivo convierten al sector pesquero en una actividad de gran importancia socioeconómica.
El paso de buena parte de las aguas en las que opera la flota vasca a jurisdicción de determinados países ribereños se tradujo en un desajuste entre capacidad extractiva y posibilidades reales de pesca. De esta forma, el sector extractivo vasco ha sido testigo de una evolución decreciente en el número de unidades, así como en la tripulación asociadas. No obstante, toda generalización como la efectuada requiere matizaciones, pudiendo a este respecto distinguirse distintas situaciones en función del subsector pesquero al que se haga referencia. En concreto, los principales comentarios que pueden realizarse para el período 1986-1995 son los siguientes:
En bajura, se observa una evolución creciente en el volumen de pesca desembarcada, confirmándose la existencia de una disminución progresiva de las capturas de aquellas especies que podrían ser denominadas como de la "gama alta". La anchoa y el bonito, se mantienen como los principales tipos de especies de la flota de bajura vasca, si bien no han estado exentas durante los últimos años de conflictividad en el desarrollo de sus respectivas campañas costeras debido a las incompatibilidades de artes empleadas entre la flota vasca (más tradicional) y la de otros países comunitarios (particularmente depredadora). Una solución parcial al problema se ha obtenido a través de la separación en el tiempo de las campañas de ambas flotas, pero queda aún por conocer el efecto que el empleo de artes depredadoras puede tener sobre el estado de los recursos marinos. Sin que por ello resulte menos importante, tampoco puede olvidarse el efecto negativo que el empleo de estas artes ejerce sobre el precio final del producto, dado que al favorecer un mayor volumen de capturas presiona a la baja los precios.
El subsector de altura al fresco, dado el ámbito en que desarrolla su actividad (normalmente aguas comunitarias) se encuentra afectado por un doble problema de tipo estructural: un cierto excedente de capacidad, que ha sido ajustado a lo largo de la mencionada década y la dificultad de acceso (o de condiciones de acceso) a determinados caladeros (v.gr. box irlandés). Parte de estas cuestiones se han solventado y a partir de 1996, la flota de altura está ajustada en capacidad y tienen libre acceso a los caladeros comunitarios como flota comunitaria que es. Las salvedades a esta situación vienen derivadas de un más escrupuloso control que a otras flotas o unas ciertas trabas para la consecución de empresas mixtas que, en cualquier otro sector de actividad no existen.
Los subsectores arrastrero congelador y bacaladero son los que en mayor medida se han resentido de los cambios habidos en las condiciones reguladoras de acceso a los recursos pesqueros. Ciertamente, el hecho de que la jurisdicción de las aguas en que desarrollan las pesquerías sea competencia de terceros países ha limitado cada vez más el volumen de capturas de la flota vasca en dichas aguas. Ello no ha supuesto necesariamente una disminución de la actividad pesquera en los caladeros en cuestión, sino más bien un recorte de la cuota asignada a la flota vasca (y española en general). El escaso margen de intervención existente no sólo para las autoridades regionales, sino igualmente españolas (pues la negociación de acuerdos, tal y como se ha comentado anteriormente, es competencia de la UE) explica que la búsqueda de nuevas especies haya sido una de las alternativas más comunes por parte de la flota nacional. Desgraciadamente, ello no garantiza siempre una solución al problema tal y como lo ha mostrado el conflicto del fletán ocurrido entre la flota española y las autoridades canadienses.
Relativamente al margen de los problemas que han afectado a las restantes flotas de altura se encuentra la situación del subsector atunero congelador, ya que al desarrollar sus pesquerías en aguas internacionales no está bajo la jurisdicción de ningún país concreto. Ello explica no sólo que se mantengan los niveles de flota y empleo en niveles semejantes a lo largo del período 1986-1995, sino también que la facturación de este subsector se incremente un 55,7% en términos corrientes hasta situarse ligeramente por debajo de los 19.000 millones de pesetas.
Sin lugar a dudas, el futuro del sector vendrá de la potenciación de las fortalezas y de la minimización de las debilidades que lo caracterizan junto de la capacidad que muestren las empresas vasca para aprovechar las oportunidades y reducir las amenazas que se ciernen sobre las mismas. Entre los puntos fuertes, no puede obviarse el arraigo que muestra la actividad pesquera en la CAPV , así como la marcada diversificación de la flota, especialmente constatable en el abanico de artes, especies y caladeros de los arrantzales vascos. No obstante, se detectan debilidades preocupantes en el sector pesquero vasco como, por ejemplo, la reducida dimensión de las empresas (especialmente palpable en la pesca de bajura), así como las dificultades para ampliar la gama de productos en los que operan.
La necesidad de mantener la actividad en el seno del sector requiere, cuando menos, explorar las posibilidades de incrementar la oferta de productos del mar. A este respecto, resulta obvio que la creciente importancia que presentan los productos pesqueros en la dieta alimenticia es un factor a explotar por parte de las empresas pesqueras vascas.
En otro orden de cosas, y a la vista de los ajustes habidos en la flota durante los últimos años, no parece que se vayan a producir importantes recortes en la flota vasca. No obstante, se asiste con preocupación desde el propio sector a la situación de desventaja en que queda respecto de la mayor parte de las comunidades pesqueras por no ser la CAPV región objetivo-1. Ello le impide acceder al mismo volumen de ayudas para la renovación de la flota que las contempladas para las regiones objetivo-1.
A pesar de las múltiples limitaciones a las que se enfrentan las autoridades regionales a la hora de plantear estrategias de futuro sobre el sector pesquero, es necesario destacar la existencia de diversas iniciativas lanzadas desde el Gobierno Vasco al objeto de mejorar el posicionamiento competitivo del sector en cuestión. En este sentido, destacan sobremanera dos acciones específicas: el Plan Estratégico de Pesca y el Foro de Pesca.
Por lo que se refiere al Plan Estratégico de Pesca, hay que señalar que está integrado por un marco general de referencia y, lo que es más importante, por una serie de programas operativos. Estos se encuentran repartidos por áreas, procurando ofrecer alternativas y posibilidades de desarrollo futuro para los principales problemas detectados en el sector. Con posterioridad, y derivado (o, más bien, como continuación) del Plan Estratégico de Pesca se ha puesto en marcha el denominado Foro de Pesca. En éste, se retomaron los principales retos del sector al tiempo que se profundizó en las actuaciones a desarrollar para mejorar la situación del sector. Tanto en uno como en otro, la cuestión fundamental ha sido la búsqueda de una elevada participación de los diferentes agentes, tanto públicos como privados, concurrentes en el sector pesquero.
Como resultado de todo ello, cabe presentar sucintamente, las principales orientaciones de actuación futura para el sector, pudiendo afirmar que configuran una apuesta decidida en favor del futuro de la actividad pesquera vasca:
a) Recuperación de la imagen del sector pesquero como rentable y con perspectivas de futuro. Ello pasa, necesariamente, por la recuperación de una imagen deteriorada a nivel internacional (con frecuencia injustificadamente) y la puesta en marcha de medidas de apoyo financiero hacia el sector.
b) Potenciación de una adecuada gestión de las pesquerías, en la que se compatibilice el desarrollo de la actividad extractiva con el mantenimiento del stock de pesca. Ello supone, entre otras acciones de interés: una apuesta por la introducción de una reglamentación más estricta sobre artes de pesca, la adopción de TACs plurianuales y multiespecies, etc.
c) Desarrollar actuaciones sobre el producto pesquero buscando una mayor identificación de la demanda futura (especies, presentación, etc.). Es sumamente necesario poder estar en condiciones de satisfacer los gustos de los consumidores, así como los cambios en éstos. Sin entrar a valorar cuestiones relativas a valorización del producto pesquero (comentadas posteriormente) es fundamental contemplar este último como un bien susceptible de ser manipulado de forma que respondan más adecuadamente a las necesidades de la demanda.
d) Mejora de la flota pesquera desde una doble perspectiva: acometiendo un proceso de renovación cualitativa de la misma (características de las embarcaciones) y agilizando la conexión buque-caladero-desembarco, reduciendo costes, garantizando la calidad del producto y maximizando el período de pesca.
e) Racionalizar la infraestructura portuaria bajo la premisa de que un excesivo número de puertos limita el aporte de pescado que es necesario que concurra en lonja para rentabilizar la actividad extractiva. Sin lugar a dudas, una excesiva dispersión de los puntos de compra de pescado deriva en última instancia en un peor precio en lonja.
f) Una mayor vertebración de la actividad pesquera y la mejora de la gestión empresarial, contemplándose, entre otras, fórmulas como el asociacionismo intrasectorial o la colaboración intersectorial
g) Mejora en la transformación de los productos de la pesca, procurando superar la tendencia histórica a considerar la captura como el producto final. Es necesario, tal y como se ha apuntado anteriormente, incrementar el valor añadido del producto final. Para ello las empresas deberán mostrarse especialmente ágiles para ser capaces de satisfacer los gustos y demandas de los consumidores. Uno de los retos más importantes a los que se enfrenta el sector pesquero vasco es el de lograr una mayor valorización del producto pesquero.
Se trata, en definitiva, de superar la tradicional tendencia a mantener la actividad sin incrementar el valor añadido del producto final. A este respecto, una posible línea de actuación apuntada con frecuencia desde diferentes ámbitos pesqueros pasa por la creación de un label de calidad que distinga a los productos pesqueros que cumplan determinadas características (tallaje, artes de captura empleadas, etc.). Sin perder de vista que el destino principal de las capturas realizadas por los arrantzales vascos es la venta al fresco, son diversos los elementos que aconsejan una aproximación muy fina a la cuestión del label de calidad. Por una lado, es evidente que las pesquerías ofrecen resultados (en cuanto a las características de las capturas) muy diferentes en función del momento en que se efectúen. Por otro lado, el producto fresco (contrariamente a lo que ocurre con otros productos) no es susceptible de ser stockado, no pudiendo salir al mercado en el momento que comercialmente resulte más ventajoso, reduciéndose la calidad del producto conforme pasa el tiempo a partir de su captura. Este escaso margen de maniobra que presenta el producto fresco, concurre con una situación de mercado en la que la demanda muestra una fuerte inclinación hacia productos de bajo precio; circunstancia directamente relacionada con la irrupción durante los últimos años de las grandes superficies comerciales, las cuales han prestado una atención especial a los productos pesqueros.
h) Mejora de las condiciones de comercialización de los productos de la pesca. El País Vasco no es ajeno a la tendencia existente en otros ámbitos geográficos relativa a la pérdida de protagonismo de los mayoristas tradicionales en la cadena de distribución de los productos pesqueros. Los casos del Aeropuerto de Foronda (a través de su Punto de Inspección Fronteriza) y Merka Oiartzun muestran como una importante actividad comercializadora de pescado procedente del extranjero (en el caso de Merka Oiartzun también pescado con origen en España) discurre a través de enclaves muy diferentes de los que es un puerto pesquero. Ello es síntoma evidente de la globalización de la actividad pesquera, de tal modo que el mercado no depende únicamente de la oferta que se canaliza a través de los puertos pesqueros más próximos. En otras palabras, aun cuando las entradas de pescado a un puerto puedan sufrir oscilaciones de mayor o menor intensidad, no ocurre lo mismo en el mercado por cuanto al operar con una multiplicidad de centros oferentes de pescado se garantiza una mayor estabilidad en las entradas de este producto.
i) Potenciación de las actuaciones formativas en materia pesquera con un doble objetivo: superar el bajo reconocimiento que suele darse a las titulaciones existentes y mejorar la cualificación del personal del sector. Asimismo, aun cuando es significativa la tendencia a la baja en el número de tripulantes por embarcación, en ocasiones se detecta la falta de mano de obra más cualificada que pueda cubrir a bordo labores de un cierto grado de cualificación.
j) Desarrollo socioeconómico integral de las zonas costeras altamente dependientes de la pesca. Muy posiblemente, la superación de esta situación de dependencia de una única actividad económica pase por la potenciación de determinadas actividades complementarias a las desarrolladas en el sector pesquero como (v.gr., procesado de pescado).