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EKONOMI GERIZAN

Crisis y agentes económicos: un marco mundial en movimiento
Número: 19

Título: Crisis y agentes económicos: un marco mundial en movimiento

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RESUMEN


La decimonovena edición de nuestra colección Ekonomi Gerizan lleva por título "Crisis y agentes económicos: un marco mundial en movimiento". Cuando hace prácticamente un año se empezó a trabajar en esta edición difícilmente se podía haber imaginado el cúmulo de acontecimientos que se han sucedido en el transcurso de dicho período de tiempo. Pero, en cualquier caso, el análisis realizado, sobre el que se basó la decisión acerca del contenido de esta edición, no solo sigue siendo válido, sino que se ha visto confirmado por los mencionados acontecimientos.

El título de esta edición quiere ser una síntesis de la percepción de que nos hallamos en un contexto en el que confluyen, simultáneamente, alteraciones sustanciales de todo tipo de elementos económicos y financieros de diferentes ámbitos territoriales e institucionales. No en vano en lo económico se empieza ya a hablar sin tapujos de la Gran Recesión; mientras en lo financiero asistimos atónitos a una complicada coyuntura en la que se mezclan riesgos soberanos, sistema bancario y mercados de capitales; y en lo institucional se echa en falta un liderazgo claro y firme que sea capaz de gestionar para bien el conjunto de la situación en todos sus ámbitos.

En las últimas semanas estamos viendo el desarrollo de sucesivas fases de la crisis de la deuda soberana. Una especie de subcrisis dentro de la crisis, si es que es posible desligar unos aspectos de otros, que se inició hace ya más de un año, que empezó en Grecia, llegó a Irlanda, pasó por Portugal, volvió a Grecia, afectó a Italia, y ahora tiene en el candelero a España y a otros países de la Unión Europea, y que está generando, adicionalmente, inestabilidad política. En medio de este devenir hemos visto y vemos la actividad de Estados, gobiernos, mercados, entidades monetarias y supervisoras, instituciones supranacionales, entidades financieras, y agentes financieros, entre otros; y los ciudadanos de a pie asisten con perplejidad creciente a un espectáculo que parece no tener fin, en el que, al estilo de las grandes series televisivas, siempre aparece en el último momento una nueva circunstancia que altera todo de nuevo y da lugar a la entrega de nuevos capítulos. El problema principal seguramente es que los ciudadanos entienden cada vez menos, o tal vez ya nada, de lo que está pasando, lo que va generando una creciente sensación de incertidumbre e inseguridad en el tejido social.

La mayoría de las crisis son multivariable, es decir, son resultado de la concurrencia de un conjunto más o menos amplio de variables, y, además, están focalizadas en sectores o países. Pero esta crisis es, ya sin lugar a dudas, sistémica; es decir, afecta al conjunto del sistema: economía real y financiera, Estados, instituciones y organismos supranacionales, mercados financieros…

Se acepta, por lo general, que esta crisis tiene un origen financiero. Sin duda su detonante se puede ubicar ahí, y podemos analizar la situación, su origen y efectos, desde ese prisma, ya que el sistema financiero ha sido la maquinaria de transmisión a través de la cual la crisis ha tomado forma. Pero hay una cuestión previa que habría que resolver: de dónde surge la materia prima, la liquidez financiera, utilizada en dicha maquinaria. Porque en cualquier materia, y la economía no constituye excepción, es esencial un diagnóstico acertado del problema, de manera que las medidas paliativas sean las adecuadas. Con mucha frecuencia se señala al sistema financiero como causante de la crisis, pero dado su carácter fundamentalmente instrumental, parece que hay que analizar otras opciones, como por ejemplo, y no la única, la evolución del precio de las materias primas.

Por poner un ejemplo gráfico, el precio del petróleo se ha multiplicado por treinta entre 1973 y 2009 (comparando las medias de cinco años), y su consumo a nivel mundial se ha incrementado un 50%. Luego la factura mundial del petróleo se ha multiplicado por cuarenta y cinco en treinta y seis años. Eso supone el trasvase de más de veinticinco billones de dólares de los países consumidores a los países exportadores de petróleo en ese período. Solo entre 1999 y 2009 el monto de ese trasvase se eleva a 10 billones de dólares, 1 billón al año, el equivalente, cada año, aproximadamente, al PIB de España. Las cifras adquieren una dimensión más sustancial aún si consideramos el posible impacto del conjunto de materias primas.

Si a esto añadimos las peculiaridades estructurales de las economías emergentes, que tienen como consecuencia tasas de ahorro sin parangón en la historia económica conocida, no es difícil entender cómo se ha invertido la dirección de los flujos internacionales en las últimas décadas.

Se habla mucho de la reducción del ahorro interno en los países desarrollados como causa de un crecimiento económico lastrado por el endeudamiento: puede que allí, en un importante encarecimiento de materias primas y alimentos, se halle el origen de esta situación. Porque si reducimos la capacidad adquisitiva de los países desarrollados y, al mismo tiempo, pretendemos que se mantengan e incrementen las cifras de sus demandas internas, parece que la manera más sencilla de eliminar dicha brecha es mediante un incremento del endeudamiento, tanto de los Estados como de familias y empresas. Es posible que esa receta pueda funcionar durante unos pocos años, pero parece claro que a largo plazo no es viable, y este es un proceso que ya se mide en décadas

En cualquier caso, no es este el único problema que esta crisis nos está planteando: también tenemos que considerar los problemas de gobernanza, de adecuación de plazos de solución al carácter específico de los problemas, y los efectos de la desigualdad entre regiones del planeta transmitidos y retransmitidos en términos de deslocalización productiva y comercial y de movimientos migratorios.

El desarrollo económico y tecnológico de los últimos doscientos años nos ha llevado a una situación realmente global e interconectada prácticamente en tiempo real, circunstancia que no se había dado nunca en la historia de la humanidad. Una de las consecuencias de ello es que hoy en día es prácticamente imposible siquiera pensar en la posibilidad de la autarquía, ya fuese referida a un Estado o a una región. Y esto está planteando la necesidad de una unidad de dirección, al menos en algunos asuntos globales de importancia crucial. Y la crisis actual está poniendo de manifiesto que el actual entramado jurídico-político institucional es insuficiente: solo hay que mirar la evolución de la crisis de la deuda pública europea para tener una constatación de las dificultades, cuando no la imposibilidad, de aunar intereses y objetivos que deberían ser comunes precisamente entre países que comparten un tratado de unión.

En cuanto al problema de adecuación de plazos, también la crisis de la deuda pública europea sirve de ejemplo. Los problemas de los países europeos implicados directamente son en lo fundamental estructurales y evidentemente solo se pueden resolver en plazos largos. Y el tenor de las soluciones que se han estado aplicando, sobre todo financieras, tiene un carácter básicamente de corto plazo. De ahí, entre otras razones, que la crisis de riesgos soberanos europeos sea percibida como de difícil solución: se está tratando de bajar la fiebre sin remediar el mal que la causa. Pero lo mismo está sucediendo con la totalidad de la crisis: diferentes agentes en diferentes ámbitos van tratando de solucionar aspectos parciales de la situación, y no se percibe que se estén analizando, y menos aún adoptando, medidas que tomen en consideración el aspecto sistémico y estructural de esta crisis, ¿quién se acuerda ya de la entonces afamada "refundación del capitalismo" de 2008?

Por último, la globalización fomenta la búsqueda de una localización industrial que maximice la ventaja competitiva de reducción de costes de producción, que termina deviniendo en un desplazamiento de riqueza análogo al mencionado antes de las materias primas. Los movimientos migratorios son la otra cara de la moneda de este mismo proceso: los recursos humanos se desplazan de sus lugares de origen a las ubicaciones físicas de los procesos productivos, haciéndose, la mayoría de las veces, con los trabajos que la población autóctona desecha.

En resumen, nos hallamos en una situación de crisis sistémica, porque los principios e instituciones en que se ha apoyado el desarrollo económico de los últimos doscientos años necesitan una revisión a fondo: necesitamos un cambio de paradigma. No podemos seguir creyendo y poniendo en práctica que desarrollo económico equivale a un crecimiento económico basado en el consumismo y en el expolio medioambiental. Igual que no podemos seguir creyendo y poniendo en práctica que la acumulación de riqueza es buena en sí misma, menos aún cuando se basa en la desigualdad y en la insolidaridad humana. Para poder realmente salir de esta crisis necesitamos diagnosticar con claridad sus causas verdaderas y, además de encauzar sus aspectos coyunturales, un liderazgo claro y sostenido, que pueda trabajar con visión y acción de plazos largos para acometer las reformas estructurales que se intuyen necesarias.

La presente edición de Ekonomi Gerizan aborda en su primer capítulo, titulado "Desequilibrios globales: diagnósticos y vías de solución", un conjunto de reflexiones que plantean diferentes perspectivas sobre algunos elementos de la situación que se caracterizan precisamente por su carácter global.

Se abre el libro con el artículo "Los desequilibrios globales: perspectivas después de la crisis" en el que D. Luis Serven señala como cuatro años después del inicio de la crisis global, la economía mundial sigue inmersa en dificultades: no se atisba una consolidación de la recuperación, y se han ido produciendo crecientes turbulencias financieras a medida que aumentaban los problemas fiscales de un nutrido grupo de economías industriales, especialmente en la zona del Euro. No es de extrañar que la coexistencia de saldos de la balanza por cuenta corriente de gran magnitud y signo opuesto en algunas de las mayores economías del mundo sigan siendo motivo de preocupación. Según el autor, la evolución de los desequilibrios en el entorno mundial post-crisis no ha recibido aún una amplia atención, a pesar del interés que el tema suscita. Por ello este artículo se centra en analizar si los desequilibrios globales se hallan en vías de desaparición tras la crisis; y si esto no es así, avanzar en qué papel corresponde a la política económica. El artículo presta especial atención a los mecanismos a través de los cuales el desequilibrio exterior de un país individual puede suponer un problema en un ámbito más amplio, ya que en este contexto parece improbable que las decisiones de política económica a nivel individual puedan ser adecuadas en dicho ámbito más amplio.

Se abre el libro con el artículo "Los desequilibrios globales: perspectivas después de la crisis" en el que D. Luis Servén señala cómo cuatro años después del inicio de la crisis global, la economía mundial sigue inmersa en dificultades: no se atisba una consolidación de la recuperación, y se han ido produciendo crecientes turbulencias financieras a medida que aumentaban los problemas fiscales de un nutrido grupo de economías industriales, especialmente en la zona del euro. No es de extrañar que la coexistencia de saldos de la balanza por cuenta corriente de gran magnitud y signo opuesto en algunas de las mayores economías del mundo siga siendo motivo de preocupación. Según el autor, la evolución de los desequilibrios en el entorno mundial poscrisis no ha recibido aún una amplia atención, a pesar del interés que el tema suscita. Por ello este artículo se centra en analizar si los desequilibrios globales se hallan en vías de desaparición tras la crisis; y si esto no es así, avanzar en qué papel corresponde a la política económica. El artículo presta especial atención a los mecanismos a través de los cuales el desequilibrio exterior de un país puede suponer un problema en un ámbito más amplio, ya que en este contexto parece improbable que las decisiones de política económica en el ámbito individual puedan ser adecuadas en un ámbito más amplio.

El notable protagonismo económico que las nuevas economías emergentes han adquirido en las últimas décadas es la base sobre la que D. Pablo Bustelo, en su artículo "Las nuevas economías emergentes y el poder político en la economía global", aborda una prospectiva de su evolución previsible. Señala en el artículo que el desplazamiento de eje de la economía mundial que ya se está produciendo, hará que el siglo XXI sea el siglo de Asia. Este papel creciente e imparablemente preponderante deberá reflejarse en un incremento equivalente de su poder político, que hoy en día tiene cierto reflejo en foros como el Grupo de los Veinte (G20), el Foro Trilateral IBSA (India, Brasil, Sudáfrica) y los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica); pero en los principales organismos financieros internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial, la resistencia de los países desarrollados a perder influencia no está dejando espacio suficiente y proporcionado a las economías emergentes y en desarrollo, anacronismo contraproducente en la gobernanza global que podría dar lugar a disfunciones no deseables en ese ámbito.

Es indudable la importancia que el sistema financiero ha tenido como parte instrumental en el desarrollo, primero, en el estallido, después, y, finalmente, en la evolución de la crisis. El artículo "Desequilibrios globales, burbujas de activos y sistema financiero" de D. Óscar Arce y D. Lucio Sanjuán parte del análisis de la acumulación de desequilibrios globales de índole macrofinanciera que dieron lugar a varios procesos de burbujas especulativas, cuyo máximo exponente fue la burbuja inmobiliaria que finalmente se produjo en algunas economías desarrolladas. Los autores resumen los principales rasgos de la acumulación desordenada de dichos desequilibrios y sus consecuencias, así como las vulnerabilidades en el sistema global de transferencia de riesgos de crédito, que adolecía de importantes fallos en los mecanismos de control y gestión del riesgo de crédito a nivel agregado. Finalmente resumen las principales iniciativas emprendidas para reforzar el sistema financiero global, que se podrían resumir fundamentalmente en un retorno a la simplicidad, la transparencia y la estandarización de los productos financieros más complejos y en la nueva normativa prudencial bancaria de Basilea III, que pretende mejorar la capacidad de los bancos ante la ocurrencia de determinados shocks, especialmente la de aquellas entidades de dimensión sistémica.

En la evolución de la situación global, tanto en la economía real como en la financiera, la evolución del comercio de materias primas y de los mercados financieros que pivotan sobre ellas también ha tenido una influencia determinante. Precisamente sobre su papel en esta crisis centra D. Pedro Antonio Merino su artículo "El precio de las materias primas: de los fundamentos económicos a los mercados financieros". El autor expone cómo la evolución de precios de las materias primas, que en 2011 volvieron a alcanzar máximos históricos en valores medios, ha dado lugar a un debate sobre la posibilidad de que dichos precios no solo obedezcan a variables económicas fundamentales, sino también a una interacción nueva entre factores reales y financieros: la evolución del volumen de contratos con subyacentes relacionados con materias primas muestra su creciente papel como activo de inversión. Además, existe un hecho más coyuntural: la inversión en estos productos proporciona protección ante la debilidad del dólar americano. Este artículo trata de identificar aquellos factores que influyen en los precios de las materias primas y analizar cuáles son los determinantes fundamentales. En el corto plazo, es necesario analizar las condiciones de oferta y demanda, así como el efecto amortiguador de los inventarios en el análisis clásico que intenta explicar el precio. En el largo plazo, los ciclos de las materias primas se explican por las expectativas sobre la evolución del balance oferta-demanda, lo que será muy importante para determinar si nos encontramos en un ciclo distinto a los de las últimas décadas. La aceleración del crecimiento económico y el aumento de la renta per cápita en países emergentes, por el lado de la demanda, o los cambios estructurales en los costes de producción –como el encarecimiento de los costes de energía–, por el lado de la oferta, son elementos indispensables para conocer la dinámica de las materias primas en el largo plazo.

D. Jaime Caruana, en su artículo "Respuestas políticas a los actuales desafíos económicos" sostiene que la persistencia y complejidad de la crisis indican que sus raíces son profundas y sus implicaciones de largo alcance, por lo que avanzar en la recuperación y normalización requerirá hacer frente a desafíos en el terreno económico, en el intelectual y en el institucional. Con el fin de alcanzar un crecimiento económico equilibrado y sostenible es preciso poner en movimiento las cuatro políticas económicas principales, fiscal, monetaria, estructural y prudencial, dentro de un marco amplio e integrado que permita a las autoridades económicas actuar desde una perspectiva de largo plazo. Según el autor es preciso destacar el papel fundamental del sector privado para alcanzar un nuevo equilibrio en el que el sistema financiero sea más resistente, capaz de absorber las perturbaciones y no de amplificarlas; lo cual exige una mejor gestión del riesgo y un buen gobierno, junto a estructuras de incentivos adecuadas para las instituciones financieras privadas, así como un nuevo enfoque para la asunción de riesgos que reconozca la existencia de incertidumbre limitaciones de nuestro conocimiento y la complejidad del riesgo sistémico.

El último artículo de este primer capítulo recoge la visión de D. Manuel Conthe en relación a la Unión Europea y la relevancia de su papel institucional en el desarrollo de la presente crisis. En su articulo "El euro: de la unión monetaria a la integración política" el autor señala que la crisis ha dejado al descubierto las fisuras o lagunas del proyecto de unión monetaria que se configuró en Maastricht, que han llevado a que en el otoño de 2011 se empezara a hablar públicamente de una potencial ruptura o un abandono parcial de la unión monetaria por alguno de los países integrantes, posibilidad que contrasta con la idea de "irrevocabilidad" de la unión monetaria que inspiró a los negociadores del tratado. Existe una conciencia generalizada entre los gobernantes europeos de la imperiosa necesidad de acometer las reformas precisas, tanto para resolver la crisis y los desequilibrios acumulados por varios países como para introducir los cambios precisos en el funcionamiento de la unión monetaria, que impidan que vuelvan a repetirse en el futuro. Todo parece indicar que terminará triunfando la perspectiva de la necesidad de introducir reformas en el antiguo tratado que exigirán una integración política, financiera y fiscal mucho más fuerte entre los países que comparten la misma moneda.

Según el autor, a pesar de las dificultades políticas que entrañará su ratificación por los Estados miembros, resulta congruente la propuesta de que se modifique el tratado: la experiencia ha demostrado que el de Maastricht tenía graves lagunas, que deben corregirse. El apoyo del nuevo tratado por parte de un país será la prueba tangible de que tiene esa acendrada voluntad de integración política con sus socios que resulta precisa para garantizar la viabilidad a largo plazo de la unión monetaria.

El segundo capítulo de esta edición de Ekonomi Gerizan se titula "Algunos aspectos del impacto de la crisis global en la economía española", y está dedicado al análisis de la crisis con el foco de atención puesto en España, ya que, aunque en esto no difiere de ningún otro país, las peculiaridades del tejido macroeconómico e institucional español han propiciado que la crisis haya adquirido un tinte específico en su caso.

Este segundo capítulo se inicia con el artículo "Los desequilibrios de cuenta corriente en la eurozona y el ajuste de la economía española". Su autor, D. Javier Andrés, explica como la crisis financiera ha venido a coincidir con y a agravar el ajuste de la economía española, ajuste que se hacía necesario para corregir los evidentes desequilibrios acumulados durante los años de fuerte crecimiento. La recomposición internacional de la generación de valor añadido, con una progresiva polarización en las posiciones exteriores de los países, deja a países como España en una situación difícil. La cuantiosa financiación exterior de la que se ha dispuesto, que ha permitido un elevado gasto en consumo e inversión, se ha basado tanto en una ventaja comparativa en términos de costes unitarios como en una capacidad para generar activos financieros asociados al sector de la construcción residencial. La pérdida de competitividad, la crisis internacional de deuda y la compleja situación de los mercados financieros han erosionado profundamente la capacidad de la economía española para atraer ahorro exterior, lo que la obliga a un esfuerzo de renovación para recuperar una senda de crecimiento sostenido a medio plazo. Pero esta renovación no puede ser pausada ni diseñada en clave doméstica. La economía española necesitará una serie de ajustes rápidos, profundos y, sin duda, socialmente costosos para que el elevado desempleo y la ralentización económica no la dejen instalada entre los países perdedores de la globalización.

El artículo siguiente, "Apalancamiento de sectores residentes y crecimiento: algunas consideraciones", escrito por D. Tano Santos, explora varios aspectos de la crisis actual con una componente común que es el apalancamiento de muchos sectores de las economías desarrolladas. En algunos países como EEUU, España o Irlanda es el sector privado el que se encuentra fuertemente endeudado; en otros, como en Grecia o Portugal, es el sector público. La pregunta fundamental es ¿por qué determinados países fueron más susceptibles a la burbuja crediticia que otros? ¿Qué hacía que determinados países tuviesen una especial "predisposición hacia el endeudamiento"?
Lo característico de una crisis de apalancamiento es el completo "parón" del flujo crediticio, excepto hacia el sector público, pero no tanto por el lado de la oferta como el de la demanda. Familias y empresas, fuertemente endeudadas y con activos depreciados, tanto inmobiliarios como financieros, adoptan una estrategia de aprovisionamiento y ahorro para reparar sus balances. El motivo es que, en una crisis de apalancamiento como la actual, el encadenamiento de los balances, de familias, intermediarios financieros, y acreedores internacionales, dificulta la renegociación de la deuda y deja como única alternativa el lento proceso de desapalancamiento. Este encadenamiento de los balances introduce a su vez una incertidumbre sobre las consecuencias de cualquier quiebra, que lleva al sector público a evitar dichas consecuencias impredecibles mediante el rescate de los sectores afectados. En un entorno donde una gran parte de los sectores están precisamente en este proceso de desapalancamiento mediante la acumulación de recursos propios, el reequilibrio solo se produce a un nivel bajo de producción. Es por ello que se denomina a este tipo de recesiones las "recesiones de balances". Este tipo de recesiones difiere de otras que tienen un componente más de oferta que de demanda, como fue el caso de las crisis asociadas con los shocks petrolíferos y, por tanto, requieren de políticas muy distintas.

El siguiente artículo de este capítulo, escrito por D. Juan Antonio Maroto con el título "Análisis de la situación y los efectos del endeudamiento de las empresas no financieras antes y después de la crisis", aborda el análisis del modelo de crecimiento seguido por las empresas españolas hasta la emergencia de la actual crisis financiera internacional, que se vio favorecido por una larga etapa de reducidos tipos de interés y facilidades de crédito. El autor señala que el cambio radical en esas condiciones financieras desde 2007 y la traslación de la crisis a la misma economía real han afectado a la liquidez, la solvencia y la actividad económica de las empresas. Lo cual ha motivado cambios sustanciales en ellas, que se analizan de forma comparada atendiendo a la dimensión empresarial, los sectores económicos de operación y las Comunidades Autónomas de radicación de las empresas.

Tras el análisis de la situación de las empresas no financieras en España, el artículo de D. Juan Francisco Jimeno aborda la situación de las familias bajo el título "La situación financiera y la riqueza de las economías familiares". En el mismo se expone cómo durante el período 2000-2007 se produjo una expansión muy fuerte del crédito que se materializó de forma mayoritaria en la acumulación de activos inmobiliarios, pero la actual crisis financiera ha producido una intensa caída de los precios de la vivienda y de los activos financieros que ha provocado una pérdida considerable de riqueza de las economías familiares. Así, durante el período 2000-2011 se han producido cambios muy notables en el nivel de riqueza de los hogares y en su composición.

En este artículo se utiliza la Encuesta Financiera de las Familias (EFF), elaborada por el Banco de España, que permite relacionar las rentas, los activos, las deudas y el gasto de cada unidad familiar para tres años 2002, 2005 y 2008. El autor afirma que estas encuestas ofrecen información sobre la distribución de la riqueza y de las deudas entre distintos tipos de hogares, lo que permite contar con una información detallada sobre la situación financiera y patrimonial de los hogares españoles que posibilita fundamentar empíricamente decisiones de política económica destinadas a aminorar las consecuencias negativas de la crisis financiera y a diseñar políticas macroeconómicas que apoyen el consumo y la demanda interna durante dicho proceso y, así, permitir que la recuperación de la actividad económica pueda producirse antes y con mayor intensidad.

El capítulo tercero y último de esta nueva edición de Ekonomi Gerizan se centra en los aspectos de esta crisis vinculados con lo financiero bajo el título "Sistema financiero: políticas monetarias, divisas y entidades".

Este capítulo final se abre con el artículo centrado en política monetaria, "La política monetaria europea en tiempos de crisis", su autora, Dña. María Encío, repasa las funciones de un banco central y las acciones que el Banco Central Europeo ha llevado a cabo durante la crisis. El análisis incluye una valoración sobre la eficacia de las medidas emprendidas, así como una reflexión sobre las responsabilidades futuras de una institución que tiene carácter híbrido y que, por lo tanto, debe conjugar su misión de banco central y de autoridad pública europea. En opinión de la autora, si en tiempos normales es posible que las distintas instituciones sigan normas de comportamiento sencillas y establecer líneas de demarcación claras, en el ámbito nacional, internacional y europeo, en tiempos de crisis la situación es más compleja. Por una parte, es preciso evitar hacer el trabajo de los demás, eliminando sus incentivos para introducir medidas que les corresponde adoptar, generando así riesgo moral. Por otra parte, no es posible atrincherarse tras principios y normas diseñados para una situación teórica que no se corresponde con la realidad, y renunciar a asumir medidas para evitar situaciones mucho peores. En este sentido, quien piense que el Banco Central Europeo ha tenido un comportamiento excesivamente activista, por ejemplo en el mercado de deuda pública, o al contrario, debe antes demostrar que estas actuaciones no han permitido a la institución lograr su objetivo. La autora afirma que no cree que haya ningún indicador que muestre que alguna de las intervenciones realizadas haya comprometido la capacidad del Banco Central Europeo para mantener la estabilidad de precios en la zona del euro en los años venideros.

A continuación, dos artículos abordan aspectos diferentes de la situación del sistema monetario internacional (SMI). El artículo de D. Miguel Otero-Iglesias aborda la situación y la posible evolución de la arquitectura del SMI bajo el título "De la unipolaridad del dólar a un sistema multipolar de divisas: ¿consecuencias para la estabilidad de la economía mundial?". El denominado dilema de Triffin hizo saltar el sistema de Bretton Woods, pero fue aparentemente soslayado al convertir al dólar estadounidense en el ancla de un sistema ya no metalista, sino fiduciario. Sin embargo, dicho dilema no ha desaparecido: la obligación de proporcionar liquidez para garantizar el buen funcionamiento de la economía mundial tiene como contrapartida un déficit por cuenta corriente, cuyo monto puede llegar a erosionar la credibilidad crediticia del país emisor. De hecho, China, el mayor acreedor de EEUU, ya ha empezado a cuestionar la credibilidad crediticia de la mayor potencia económica y militar del mundo, y las autoridades chinas han denunciado en numerosas ocasiones la centralidad del dólar en el sistema y han demandado el inicio de un debate entre las mayores potencias del mundo sobre la reforma del SMI. El autor analiza en su artículo las consecuencias que podría tener para la estabilidad de la economía global el paso del actual SMI a un SMI con tres monedas internacionales compitiendo entre ellas, y concluye que a medio y largo plazo es posible que el dólar, el euro y el yuan chino compitan entre sí como monedas internacionales, lo que puede darse en una economía global altamente interdependiente y global, como es el caso hoy en día, o en una economía más regionalizada y fragmentada en diferentes bloques económicos y monetarios: para los más optimistas, un SMI tripolar sería ventajoso porque distribuiría los beneficios y las responsabilidades entre las autoridades monetarias de EEUU, la eurozona y China.

El segundo artículo centrado en el SMI tiene como autor a D. Federico Steinberg. En su artículo "Cómo evitar la guerra de divisas", analiza los distintos ángulos de la guerra de divisas y sus posibles soluciones. Compara la situación actual con la de los años treinta y explica la relación entre devaluaciones competitivas y proteccionismo, antes de analizar la coyuntura económica internacional proponiendo un nuevo diagnóstico para la Gran Recesión (2008-2010), en el que subraya que el riesgo de desaceleración económica y estancamiento en los países avanzados agudizara los conflictos cambiarios. Asimismo explica por qué los condicionantes políticos internos son los que determinan las acciones de los principales países en relación a los tipos de cambio y evalúa la viabilidad de las distintas propuestas de coordinación que se han planteado, incluidas las destinadas a modificar la posición de China. Finalmente sostiene que el problema estructural que subyace al conflicto cambiario es el papel hegemónico del dólar en el SMI, que es cada vez menos compatible con un mundo multipolar.

El tercer capítulo finaliza con otro grupo de dos artículos centrados, esta vez, en el mundo de las entidades financieras. En su artículo "Implicaciones de la crisis y retos de la banca minorista europea", D. Ángel Bergés Lobera señala que la más severa crisis financiera internacional desde la Gran Depresión ha venido a cuestionar como nunca antes se había hecho al modelo tradicional de intermediación financiera, base del negocio bancario minorista. La comparación internacional de la estructura de los sistemas bancarios en los principales bloques económicos internacionales proporciona un marco global de referencia que permite identificar las vulnerabilidades de unos y otros bloques económicos frente a un anormal funcionamiento del canal bancario en los sistemas financieros, lo que le sirve como base para analizar el impacto que la crisis financiera ha tenido en los sistemas bancarios de los principales bloques, así como la diferente capacidad de recapitalización que unos y otros han puesto de manifiesto. Esa recapitalización ha tomado, en muchos casos, la forma de aportaciones del sector público en un contexto de mal funcionamiento de los mecanismos de financiación en los mercados. Precisamente la enorme magnitud de las medidas de soporte de los Estados hacia los sistemas bancarios amenaza ahora con volverse en contra de la propia estabilidad financiera de los Estados, haciendo surgir dudas sobre la solvencia de los mismos, y ese mismo deterioro de la solvencia soberana se vuelve en contra de los bancos, cuyo acceso a la financiación se ve dificultado, o encarecido, por la "prima de riesgo" de sus Estados. Este nuevo entorno va repercutir en la estructura del negocio bancario minorista, tanto en términos de reequilibrio financiero como de capacidad de generación de negocio rentable, en un contexto de crecientes necesidades de capital, al cual sin duda hay que ofrecer rentabilidad apropiada.

El tercer capítulo y el libro finalizan con un artículo escrito por D. Vicente Salas bajo el título "¿Qué gobierno corporativo de los bancos es el óptimo para evitar crisis financieras? Reflexiones generales y lecciones de las cajas de ahorros españolas". El autor plantea que el buen gobierno corporativo se asocia habitualmente a una adecuada protección de los intereses de los accionistas, propietarios de la empresa, pero alejados de su gestión. Cuando el gobierno corporativo se valora solo desde la perspectiva de los intereses de los accionistas, se hace porque se da por supuesto que los intereses del resto de colectivos vinculados a la empresa están adecuadamente protegidos a través de los contratos, y que no existen efectos externos importantes para el conjunto de la sociedad. Estas condiciones, señala el autor, no se cumplen, en general, para los bancos y, por ello, el buen gobierno corporativo de las entidades financieras tiene un significado diferente al del resto de sociedades mercantiles. De ahí la relevancia de reconocer las singularidades del gobierno corporativo de las entidades financieras para una mejor comprensión de las causas de las crisis financieras y para el diseño de la regulación y la supervisión bancarias que tratan de prevenirlas. La experiencia de la reforma de las cajas de ahorros españolas completa la reflexión sobre la relevancia del gobierno corporativo de las entidades financieras en las crisis financieras.

En esta decimonovena edición de la serie Ekonomi Gerizan hemos querido proporcionar siquiera un atisbo del complejo y delicado momento que nos está tocando vivir: la crisis vigente aúna aspectos coyunturales y estructurales, lo que hace que su evolución y resolución sean aún más trascendentes que los de otras crisis cuyos orígenes fueron fundamentalmente desequilibrios puntuales de aspectos muy definidos del conjunto del sistema. Son muchos los retos que se deben resolver positivamente, pero tenemos la confianza en que una más clara conciencia global, tanto por parte de quienes tienen algún grado de capacidad decisiva, como por parte de quienes son sujetos pacientes de aquellas decisiones, nos haga llegar a un nuevo punto de partida en el que se hayan sentado las bases para una nueva fase de bienestar humano más solidario y sostenible que el que hemos conocido hasta el momento presente.

En este sentido, hemos trabajado con el objetivo de que los artículos seleccionados, y las ponencias que previamente se desarrollaron en el Seminario organizado dentro de los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco en San Sebastián, sean de utilidad para el conocimiento y la reflexión sobre las cuestiones planteadas por esta crisis que dura ya cuatro años.


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