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Memoria

EVOLUCIÓN DE LAS CAJAS DE AHORROS FEDERADAS


El ejercicio 2010 ha venido marcado por una acentuada dicotomía en los ritmos de avance de las economías emergentes por un lado, que alcanzan un peso específico próximo al 50% mundial, y las economías desarrolladas por otro. Dentro de estas últimas, destaca el hecho de las dificultades habidas en las finanzas públicas de algunos países relevantes, lo cual ha tenido una incidencia muy elevada en la evolución de los mercados, en las necesidades de saneamiento de las cuentas públicas, en la recomposición del sistema financiero y en la vuelta a la senda de tasas mayores de crecimiento económico. Asimismo se han acentuado los desequilibrios entre los flujos financieros a escala planetaria, dándose la circunstancia de que el déficit de las economías más adelantadas como EE.UU. ha sido financiado con los excedentes disponibles por parte de las economías emergentes (China). Todo ello ha incidido en la política monetaria aplicada en estos últimos meses.

La denominada crisis de la deuda soberana ha puesto en tela de juicio no sólo la estabilidad del sistema europeo, sino también la pervivencia de la moneda única dentro de los países que conforman la Unión Económica y Monetaria. El episodio de la crisis de la deuda de Grecia, inicialmente no parecía que iba a tener la continuación y rápida expansión hacia otros sistemas de países de la UEM, tal y como sucedió en la práctica. Ello ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los sistemas de prevención y control y la ausencia de herramientas preparadas para hacer frente a eventualidades sistémicas de escala europea, poniendo también en evidencia la necesidad de avanzar en mecanismos de gobernanza económica y financiera en Europa.

En este contexto, tanto la Eurozona como otras instituciones internacionales han acometido una serie de reformas para hacer frente a esta situación. En esta línea hay que ubicar la creación del Consejo Europeo de Riesgo Sistémico, la puesta en marcha de un mecanismo de Estabilidad Europeo y se la dotación de un fondo de rescate europeo o Facilidad Europea de Estabilidad Financiera, como elementos tendentes a recuperar la confianza de los mercados en la UEM. Asimismo los avances relacionados con la gobernanza europea se refieren a la revisión del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, al seguimiento de los desequilibrios macroeconómicos en un entorno de mayor transparencia y al impulso de normas sancionadoras para el caso de incumplimiento.

En lo tocante de manera específica al ámbito de regulación y supervisión financiera, los acuerdos conocidos como Basilea III establecen nuevos requerimientos de liquidez y solvencia como parte integrante del conjunto de actuaciones tendentes a modificar la arquitectura financiera europea.

En general, todos los países de la UE, están realizando esfuerzos importantes para aumentar la eficacia y eficiencia de sus sistemas financieros. Los objetivos perseguidos se refieren a la atenuación de los impactos las posibles crisis financieras sistémicas futuras, al mantenimiento de la eficiencia del flujo de crédito hacia la economía real, a preservar la capacidad de los hogares y empresas para gestionar sus riesgos y necesidades financieras de largo del tiempo y finalmente, a preservar el funcionamiento de los sistemas de pago, garantizando la seguridad del capital y la liquidez para los ahorradores.

Estas reformas deberían de verse también complementadas por medidas de reestructuración apropiada del sistema bancario. Según declara el BCE, el saneamiento de los balances, el control efectivo del riesgo y unos modelos de negocio transparentes y sólidos siguen siendo elementos de primer orden para reforzar la resistencia de las entidades de crédito a las perturbaciones, asegurando al propio tiempo un acceso adecuado a la financiación, como bases para el crecimiento sostenido y la estabilidad financiera.

La política monetaria aplicada por parte del BCE ha sido expansiva, manteniendo el tipo de interés marginal de las subastas inamovible en el 1% a lo largo de todo el ejercicio. No ha habido variaciones reseñables en el mercado interbancario. El Euríbor ha trazado una senda de subida moderado pasando en la modalidad de tres meses del 0,67% de principios de año al 1,02% del cierre y del 1,23% al 1,53% en los tipos a un año.

El objetivo de estabilidad monetaria y de precios ha estado presente por tanto en la actuación del BCE en 2010. El banco central ha realizado compras importantes en el mercado de bonos ofreciendo facilidades excepcionales de crédito y liquidez admitiendo para ello como colaterales una más amplia gama de activos financieros. Esta práctica sin embargo se ha hecho con un carácter de transitoriedad, de no permanencia y de paulatina suspensión a medida que los mercados vuelvan a la normalidad.

El mercado cambiario se ha caracterizado por las tensiones habidas entre los tipos de cambio de las monedas más importantes, que anticipan la posibilidad de entrar en una guerra comercial y del aumento del proteccionismo en el comercio mundial. La problemática no se centra tanto en la volatilidad del tipo de cambio, sino a las tensiones surgidas ante la negativa de China de revaluar su moneda, el renminbi junto a las políticas monetarias expansivas de las economías más avanzadas que han impulsado la afluencia de capital hacia los países emergentes con la consiguiente presión apreciatoria para las monedas de éstos. Así el tipo de cambio entre el euro y el dólar se ha situado a finales de año en el 1,315% tras apreciarse la divisa americana un 7,9% en un tono de debilidad del euro.

La inflación en la UEM se mantiene en la senda de variación fijada por el BCE, con un límite superior del 2%, si bien pende la amenaza de la presión ejercida por la fuete subida de los precios de las materias primas en los mercados internacionales, impulsados por los elevados ritmos de crecimiento de los países emergentes y su creciente demanda de tales materias primas.

En el mercado de deuda pública, ha habido diferencias entre el europeo y el norteamericano. Este último sigue una tendencia de reducción de su tasa de rentabilidad hasta mediados de año, momento a partir del cual repunta de manera acelerada, al amparo del nuevo plan fiscal de impulso al crecimiento económico y la recuperación del ciclo económico, lo que ha incidido favorablemente en las expectativas de los agentes.

La crisis de la deuda soberana europea ha trasladado la demanda hacia los mercados de renta variable al albur de la mejora de los beneficios empresariales de algunos sectores. La evolución de los mercados de renta variable europeos se ha caracterizado por la elevada volatilidad y los movimientos erráticos al no clarificarse el panorama de aquellos países atrapados por la crisis e incertidumbre. La deuda soberana actuó como refugio al inicio de la crisis, sin embargo la crisis desencadenada hizo que perdiera la condición de valor y los fondos se dirigieron hacia valores con mejores ratios riesgo-rentabilidad.

La actividad crediticia por su parte se caracteriza por un débil avance, manteniendo la tasa de crecimiento interanual de préstamos a los hogares en el 2,3% en la UEM. La deuda en relación a las disponibilidades de los hogares ha continuada creciendo con moderación, todo ello a pesar de la recuperación económica observada en los últimos trimestres de 2010.

En España, tras una caída importante de los tipos de interés crediticios al sector privado que alcanza su suelo en el entorno del 3%, a finales de año se observa un cierto repunte, situándose el promedio en el 3,57%, al hilo de la senda ascendente de los tipos interbancarios y al aumento de la prima de riesgo de la deuda español ya citado. En términos reales sin embargo, el coste de la financiación continuó descendiendo de manera muy suave. Ello explica el crecimiento de la inversión crediticia privada, dirigida especialmente a las empresas. La financiación de capital circulante por su parte a través del crédito comercial muestra también una aminoración en los ritmos de caída.

La financiación a las familias tampoco muestra síntomas de despegue importante, moviéndose a ritmos de crecimiento muy moderados. La demanda para financiación de vivienda está influenciada por la situación del sector muy afectado por el exceso de oferta tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Por su parte, el crédito al consumo se ha visto muy afectado por la subida del IVA a mediados de año, lo que produjo un efecto de anticipación en la compra en los meses previos y una significativa reducción tras el verano. La demanda de financiación del sector público ha sido creciente y presenta una variación interanual del 16% a finales de ejercicio. La tasa de morosidad del sector privado se elevó hasta el 5,7%

En lo concerniente a la evolución de los depósitos, las necesidades de liquidez de las entidades financieras han desencadenado una guerra de remuneración de los fondos captados en el Pasivo. El tipo de interés promedio de los depósitos a plazo alcanzó el 2,75%, lo que supuso un crecimiento del 3,2% de su saldo.

Los fondos de inversión se han visto especialmente afectados por la volatilidad de los mercados, y los ahorradores han retirado saldos de este tipo de productos, situando el descenso interanual en torno al -14%, habiéndose registrado una amplia horquilla en las rentabilidad de los mismos según tipos de fondos de inversión.

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