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Memoria

ENTORNO FINANCIERO Y EVOLUCIÓN DE LAS CAJAS DE AHORROS VASCAS


El contexto económico muestra unos mercados financieros especialmente volátiles en su comportamiento, cuando asistimos a la moderación del crecimiento de la economía mundial. Los bancos centrales han optado por abandonar las políticas restrictivas anteriores e implementar medidas de corte expansivo que eviten la caída en la recesión. Más específicamente, desde la Fed, se han modificado a la baja las perspectivas de crecimiento de la economía americana y se reitera el objetivo de mantener la estabilidad de precios y propiciar un crecimiento sostenido, de ahí que los tipos de interés oscilen entre el 0% y 0,25%.

La peor situación sin embargo, corresponde a la Unión Europea, donde las autoridades económicas han tenido que intervenir a varios Estados miembros y han provocado la sustitución de los dirigentes políticos entre otros. Todo ello bajo el riesgo de la entrada en recesión. Esto ha acelerado la incertidumbre reinante en los mercados financieros, caracterizados por dos fenómenos relevantes. Por un lado, la falta de confianza en la calidad de los activos soporte de la financiación pública de los diversos Estados miembros. Cabe destacar que la dicotomía ha sido muy evidente en este caso. Así, mientras los países centrales de la zona euro como Alemania, no sólo no veían aumentar los tipos de interés de su deuda soberana, llegando incluso a ser cotizados con tipos de interés negativos, los países denominados periféricos (Sur de la UE) por el contrario, se han visto sometidos a la severidad del escrutinio de los mercados, quienes tienen a las agencias de rating como sus árbitros más exigentes. Todo ello se traduce en un aumento de los tipos de interés de la deuda soberana para los segundos, lo que acrecienta el coste de financiación de los Estados más débiles financiera y fiscalmente.

Este hecho ha contribuido a agudizar los desequilibrios por un lado y a retardar el inicio de la recuperación por otro, jugando un papel claramente procíclico, en momentos en los que se precisaba justo lo contrario, es decir políticas que atemperaran la contracción cíclica.

En este contexto de crisis e incertidumbre la actuación del BCE ha sido determinante, ofreciendo liquidez al sistema y articulando de manera extraordinaria mecanismos de apoyo a las entidades financieras y a los Estados de la UEM. Como muestra de ello, tenemos la bajada de tipos de interés en diciembre por segundo mes consecutivo en otro cuarto de punto hasta el 1%, situándose en el mínimo histórico de la era euro que ya tocó fondo entre mayo de 2009 y marzo de 2010. Como síntoma del cambio de sentido de la política monetaria, el BCE mantiene su compromiso de aliviar las tensiones en los mercados financieros, recuperar la confianza de los agentes y paliar los efectos de la sequedad en los mercados de capitales. Destaca su papel en la adquisición de bonos públicos en los países en dificultades.

Asimismo, el BCE el 21 de diciembre procedió a la mayor inyección de liquidez al sistema conocida a modo de tratamiento de choque: casi medio billón de euros fueron puestos a disposición de los bancos europeos, en condiciones ventajosas (1% de tipo de interés a 3 años), tratando de lograr varios efectos.

Entre ellos, cabe señalar en primer lugar el hacer frente a los vencimientos de deuda soberana; para, seguidamente aumentar la liquidez del sistema, tratando también de promover el crédito hacia las actividades productivas y, finalmente, que sea la propia banca la que asuma el papel de prestamista en última instancia del sistema, al verse obligada a comprar activos de deuda soberana para utilizarlos como garantía colateral ante el BCE, lo que restaría presión sobre tales activos, relajando la prima de riesgo diferencial sobre el bono a 10 años alemán que actúa como referencia.

Además de las medidas puestas en marcha de manera no convencional por parte del BCE, desde el punto de vista regulatorio, se ha barajado la posibilidad de atenuar las exigencias de requisitos de capitalización y liquidez recogidas en Basilea III. Todo ello como forma de contrarrestar los problemas de financiación y evitar las restricciones al crédito a empresas y familias. Por el momento sin embargo, los avances habidos han sido exiguos en este ámbito y sus efectos limitados en el tiempo. La corrección de los efectos perversos del sistema es fugaz y poco duradera, de manera que en breve vuelve a reinar de nuevo la incertidumbre.

Los retos del sistema financiero pasan por aumentar la efectividad de la supervisión, aumentar las políticas macroprudenciales que permitan afinar el diagnóstico de potenciales vulnerabilidades. Pero la gran reforma pendiente es, sin duda, la transparencia y la simplicidad. En general, se precisa de mayores dosis de transparencia en la gestión y relación con los stakeholders, como forma de ganar credibilidad ante terceros y en particular ante la vigilancia de los mercados.
El revuelto escenario económico y financiero vivido en el ejercicio, se manifiesta en el elevado grado de volatilidad observable en los mercados de divisas. Han influido en esta evolución aspectos relacionados con la crisis de la eurozona, una elevada agresividad en las medidas monetarias adoptadas por algunos bancos centrales, junto a la irregularidad de los datos macroeconómicos entre los distintos países y regiones.

La evolución del tipo de cambio del dólar frente al euro refleja la pérdida de valor de la divisa europea frente a la americana en un 4,7%. La apreciación del dólar partiendo desde el mínimo marcado en mayo de 2011 (1,482 dólares por euro) asciende al 13%.

En cuanto al euro, señalar que tras el fortalecimiento de su tipo de cambio al principio de ejercicio, le sigue en la segunda parte un cierto retroceso. Los movimientos del tipo de cambio se relacionan con las percepciones de los mercados de las perspectivas fiscales y económicas de los integrantes de la zona euro. La volatilidad implícita del euro frente al dólar, libra esterlina y yen japonés ha ido creciendo a medida que aumentaba la incertidumbre en los mercados sobre la sostenibilidad de la deuda soberana. Frente al dólar, la depreciación ha sido importante. Así desde agosto hasta diciembre la depreciación del euro ha sido del 7,4%.

Los mercados de deuda pública europeos se han visto sometidos a grandes tensiones a raíz de la crisis de la deuda soberana. La tasa de rentabilidad de la deuda pública emitida por las principales economías de la UE, evoluciona siguiendo un marcado carácter de estabilidad y moviéndose en niveles que en algunos casos han marcado mínimos históricos. Ello es así por la falta de confianza de los inversores en un mercado financiero tumultuoso, de ahí que sus peticiones de activos se orienten hacia los de menor riesgo, en detrimento de los de mayor riesgo.

En la Eurozona, cabe señalar que el comportamiento de la deuda alemana no se ha distanciado mucho del homónimo estadounidense y se ha caracterizado por la bajada constante de los tipos de interés asociadas a la misma. La trayectoria seguida por el tipo de interés de la Deuda pública a largo plazo pasa del 3,16% de enero al 1,83% en Diciembre, habiendo llegado a ofrecer por primera vez en la historia, tipos de interés negativos a lo largo de algunas sesiones.

En el caso español se ha producido una importante desinversión de las carteras mantenidas por los inversores extranjeros. Al propio tiempo la cartera de vencimiento para 2012 se acerca a los 120.000 millones de euros y este hecho podría afectar negativamente al ritmo de recuperación económica.

El aumento de los tipos de interés ha sido generalizado en todos los plazos de la deuda pública de la mayoría de los países de la zona euro, situándose en niveles similares a los de 1997, mientras que el tipo de interés de los bonos alemanes a 10 años se ha reducido, dada su consideración de activo refugio. El contraste de estos dos movimientos ha hecho que la prima de riesgo española haya subido de manera muy importante, llegando incluso a traspasar los 412 puntos básicos en relación al bono alemán y que el coste de financiación también siga una trayectoria creciente.

La consecuencia de la subida de los tipos de interés se refleja en el aumento del coste de la deuda vía precios más elevados y mayores volúmenes vivos. De este modo la deuda de España según el protocolo de déficit excesivo alcanza en el tercer trimestre el 66% del PIB, tras crecer 7,3 puntos porcentuales respecto al mismo periodo del año anterior y, frente al 85,6% del promedio comunitario.

En lo concerniente a los mercados de renta fija privada, muestran un comportamiento favorable, con especial mención a la resistencia de los índices de renta corporativa a la ralentización de la actividad económica local.

Los fondos de inversión sufren una pérdida de partícipes en 2011 (casi 400.000) situando su número en torno a los 5 millones, la cifra más baja de los últimos años. Tras esta contracción se halla la creciente competencia de los depósitos, la mala evolución de los mercados y también la mala calidad de la gestión de muchos productos. El descenso en el patrimonio no ha sido tan marcado (10.500 millones de euros). Se ha visto paliado por la recuperación de los índices bursátiles de fin de año. La actuación de algunos gestores, que no han podido evitar las pérdidas de valor de los fondos gestionados, explica parte de la pérdida de confianza de los inversores en estos productos. Asimismo, la intensidad de la guerra por la captación de pasivo, ha canalizado los flujos de dinero hacia figuras de ahorro tradicional suficientemente atractivas en cuanto a rentabilidades ofrecidas, sobretodo en las modalidades a plazo.

La renta variable tampoco se escapa a las sacudidas y vaivenes que padece del mercado. Los factores que han influido en este devenir se refieren al escepticismo sobre la capacidad de generar planes fiscales eficientes, al miedo al contagio de la crisis de deuda soberana y a las dudas sobre el ritmo de crecimiento de la economía global. Todas ellas han marcado una impronta bajista en los principales índices europeos (Londres -2,1%; Eurostoxx -17,7%; Madrid -20,4%, Ibex -13%), con especial afección al sector bancario, por su elevada exposición a los riesgos asociados a la deuda soberana y a los cambios hacia niveles de mayor exigencia en el panorama regulatorio. En este contexto, señalar que las preferencias por las posiciones de riesgo han caído entre los inversores, aumentando la correspondiente a las posiciones de liquidez.

El sistema bancario español por su parte ha registrado una reestructuración histórica. Sin precedentes. Sus consecuencias derivan en una caída a la financiación otorgada por el sistema al sector privado residente. Por el lado de la oferta, las dificultades de financiación en los mercados europeos también han contribuido a esta evolución.

Desde la óptica de los demandantes, cabe señalar que el sector privado partía de un elevado nivel de apalancamiento y a lo largo de 2011 se ha ido avanzando en el proceso de reducción de los niveles de endeudamiento mantenidos. Pese a este esfuerzo, los avances han sido limitados, en la medida en que el nivel de endeudamiento privado era muy elevado, situándose en el 217,3% respecto al PIB. Por el contrario, el sector público ha seguido aumentando sus necesidades de financiación, habiendo crecido la financiación otorgada por el sistema en un 13,7% en los últimos doce meses.

La conjunción de la dificultades para lograr financiación desde la vertiente de la oferta combinada con la menor actividad, elevado paro y menor solvencia de la demanda contribuyen al recorte inversor habido en el ejercicio 2011.

En este contexto de débil crecimiento de la actividad económica, de ajuste y desapalancamiento en las posiciones del sector privado, el crédito al sector privado residente, sigue una senda contractiva, situándose en -5,5% en diciembre. Tras este comportamiento se halla la debilidad de la actividad económica y la profunda reestructuración del sistema bancario español. A raíz de la primera, se observa un claro deterioro el mercado laboral y, por ende, una contracción de la demanda solvente de crédito. Inciden además en esta evolución, elementos como las dificultades de acceso a los mercados mayoristas de financiación y el deterioro de las expectativas de crecimiento, junto al declive en la confianza de los agentes. Al propio tiempo, en 2011 se produce una clara reducción de la propia demanda de crédito por parte del sector privado en proceso de reducción del nivel de endeudamiento.

Asociado al referido movimiento de menor petición de crédito, se halla también el aumento de los niveles de morosidad del sistema. La cifra alcanza registros record, al situar la tasa de morosidad en diciembre según el BdE en el 7,6%, tras una tendencia sostenidamente creciente. El riesgo inmobiliario es una de las principales componentes del total de crédito, de donde se le considera como principal amenaza para la solvencia del sistema financiero español.

Desde la vertiente de los depósitos, la escasez de fondos provenientes de los mercados mayoristas de financiación acrecienta la competencia por la captación del pasivo de los agentes privados. De ahí que se intensifique la guerra del pasivo, ofreciendo condiciones ventajosas para el ahorro. Ahora bien, las figuras tradicionales de ahorro y plazo no han crecido en conjunto (-3,9% y -5,5% respectivamente). En suma, los depósitos totales de empresas y familias se reducen en el -4,6%, de ahí que los mayores niveles de ahorro privado se hayan dirigido hacia activos alternativos con mejores niveles de rentabilidad.

Dada la desfavorable evolución del mercado de vivienda y el intenso proceso de ajuste que está experimentando en el stock disponible y en la demanda efectiva, los préstamos hipotecarios han caído un -6,1%, lo que da una idea de la situación del sector.

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